Encuentros que trascienden: El Arte como puente vivo

Cada mural es mucho más que colores y formas: es un tejido de historias, miradas y corazones que se encuentran en el instante presente y siguen latiendo mucho después.
Mientras pinto, el proceso se convierte en un ritual compartido. Surgen conversaciones profundas, silencios llenos de sentido, risas espontáneas y hasta lágrimas que sanan. El arte nos reúne en torno a lo esencial: vernos sin máscaras, reconocernos en el otro, sentirnos parte de algo más grande.
Pero la magia no termina cuando la última pincelada se seca.
La obra permanece como un testigo silencioso y amoroso. Cada persona que la contempla, aunque sea por un instante, deja su huella vibracional y recibe en presencia: una emoción, una pregunta, una chispa de inspiración. El mural sigue tejiendo vínculos, abriendo puertas al diálogo, al autoconocimiento y a la expansión de la conciencia, aun cuando la artista ya no está presente.
Así, cada obra se transforma en un punto de encuentro atemporal:
Un espacio donde las relaciones florecen, los recuerdos se renuevan y la energía amorosa sigue creciendo, día tras día.
Este espacio honra y agradece cada vínculo, cada historia compartida y cada transformación que el arte sigue provocando, mucho después de haber nacido.

Pepe, El Maleno y las uvas de Montilla

En una ocasión, en Montilla, España, tierra andaluza de paisajes cubiertos con viñedos y olivos, espacio amoroso y alegre, donde la gente en gran parte se dedicaba al cultivo de la vida.
Me encontraba pintando y compartiendo en esta tierra, experimentando una hermandad maravillosa con cosecheros de uva que se reunían todos los días en el bar al lado del mural. Un día entre charlas, risas y charlas surgió la idea de retratar, desde una gratitud que todos sentían a Pepe el Maleno, un vecino querido del barrio, de mirada profunda y transparente, que había contribuido con muchos jóvenes, dándoles trabajo, cuando quizás ya nadie confiaba en ellos, esos jóvenes y muchos pidieron el retrato frente al bar de Pepe el Maleno en símbolo de Gratitud. Hecho está, con gran goce, la aventura de ese día.
Gracias a todas los seres que abrieron sus corazones a esta aventura de ser.

Homenaje a Giulia

Estando en Roma, entre charlas con amigos, surge la propuesta de hacer en el barrio “el mamut” un homenaje a Giulia. Una niña que falleció en un terremoto, encontrandola en su búsqueda, abrazada a su hermanita menor, la cual vivió, y pintó junto a todos los vecinos del barrio,
Las emociones estaban a flor de piel durante la ejecución de la obra, los vecinos, los padres, todes en un ambiente amoroso de gratitud, unidad y paz a lo cual estare infinitamente agradecida siempre “per tutte, per tutti, per Giulia” ire. De pronto, Pepe «el Maleno», un anciano de manos arrugadas y sonrisa sincera