El Coloquio de los perros

En la Plaza de la Rosa, el Teatro Garnelo guarda un secreto entre sus muros: un encuentro imposible, pero profundamente real en el arte. “El coloquio de los perros”, mural nacido en 1917 y renacido en ésta obra en 2019, invita a viajar a una posada de otros tiempos, donde Miguel de Cervantes y El Inca Garcilaso de la Vega comparten mesa y palabras. Los une la curiosidad, la búsqueda y el deseo de comprender el alma humana. Sirviendo la mesa está la Camacha, Leonor Rodríguez, la hechicera de Montilla, mujer acusada de brujería por ver más allá de su época, por escuchar a la naturaleza y desafiar los límites de lo permitido. Su presencia es un acto de reivindicación: la sabiduría y la intuición, tantas veces señaladas como locura o peligro, aquí se celebran y se honran. La escena vibra con magia y humanidad. Cada gesto, cada mirada, cada objeto sobre la mesa habla de la diversidad y el valor de ser distinto. El mural invita a preguntarnos: ¿qué veo en el otro que también es mío? ¿Qué sombra proyecto cuando juzgo afuera lo que no acepto en mí? Esta obra es un puente entre siglos, una invitación a reconocernos como seres de luz, valiosos y perfectos en nuestra diferencia. Nos recuerda que nadie está “errado” por sentir, pensar o soñar distinto. Todo importa, todo suma, todo es parte de una historia más grande. Al contemplar el mural, la magia se revela: la Camacha ya no es solo una hechicera, sino la voz de quienes se animan a mirar más allá, a escuchar la melodía de la vida ya abrazar su propia rareza. El Teatro Garnelo se convierte así en un espacio de encuentro, de preguntas profundas y de celebración de lo auténtico. Al contemplar esta obra cada persona se lleva la certeza de que su luz —única, irrepetible— también merece ser vista y honrada.